lunes, 14 de mayo de 2007

RUTA POR LA COSTA AMALFITANA

Delicada y elegante, la Costa Amalfitana conserva como nadie el glamour de los años 50, cuando las estrellas de Hollywood inundaron este reducto italiano de pantalones estilo capri y aperitivos con vermú y la convirtieron en un destino deseado y exclusivo. Hoy, estos pueblecitos de la región de Campania envuelven sus tesoros naturales con un toque de distinción pero, sobre todo, se abren al exterior.
El punto de partida donde comienza nuestra ruta es el aeropuerto de Nápoles, situado a 7 km de la ciudad. Alquilamos un coche y nos vamos directos al centro.
Nápoles tiene una gran riqueza histórica, artística y cultural, lo que llevó a la UNESCO a declarar su centro histórico Patrimonio de la Humanidad. Para orientarte con mayor facilidad, sal de la piazza Dante, continúa por la porta Alba y la piazza Bellini y toma la via dei Tribunali que bordea la antigua vía romana. Si además deseas conocer Nápoles desde otro punto de vista, ve a la Città Sotteranea, desde la piazza Trieste. Este conjunto de calles subterráneas atraviesa grutas y catacumbas: los pasadizos son a menudo estrechos, pero la visita es fascinante y única en todos los sentidos.
Desde Nápoles nos dirigimos a Pompeya, situado a poco más de media hora. Pompeya es una gran ciudad que permanece intacta. La importancia de estas excavaciones radica en que muestran la vida cotidiana y la arquitectura civil de la época. Pompeya tiene 44 ha, es imposible verlo todo en un día, así que selecciona algunas visitas imprescindibles. El horario es de 8:30 h a 17 horas y la entrada cuesta 11€. Comienza en la plaza del Foro, alrededor de la cual se establecía la vida social. Aquí está la Casa del Algodón, donde recogían orín para tratar pieles y tintes y el Macellum o mercado. En la parte antigua está la Casa del Fauno y la de los Vetti, y en la Vía de la Abundancia, la zona comercial, una muestra de urbanismo romano, que usaba piedras blancas para reflectar de noche y losas situadas en medio de la vía para moderar la velocidad de los carros. No te pierdas el Anfiteatro, el mejor conservado del mundo romano y date una vuelta por el Lupanar, el prostíbulo reservado a la clase más popular de Pompeya.
A una hora de distancia desde Pompeya, llegamos a Ravello.
Ravello
es un remanso de paz lejos del bullicio de la costa. Visita la Catedral de San Pantaleón, donde conservan la sangre del santo y Villa Rufolo, construída en el siglo XIII por una familia de comerciantes y sede del Festival de Ravello, de música clásica. Además de las vistas sobre la bahía, no te pierdas la torre Mayor, el claustro morisco y en especial los jardines, que inspiraron a Wagner para escribir su obra Parsifal.
Concluida la visita de Ravello, nos dirigimos hacia Amalfi, situado a un cuarto de hora.
Recorre las callejas medievales de Amalfi hasta la escalinata de la iglesia de San Andrés, donde reposan los restos del santo marinero. La parte más antigua es el campanario de estilo bizantino y árabe, y lo más interesante, el claustro del Paraíso y sus arcos entrelazados.
Junto al puerto verás la plaza dedicada a Flavio Gioia, inventor de la brújula y autor de la Tabula Amalphitana, primer código de navegación. Aquí se concentran varias tiendas donde comprar lo típico de Amalfi, el limoncello, un aromático licor de limones de alta graduación y papel artesanal, un arte milenario que cuenta con el Vaticano entre sus ilustres clientes.
Después de joyas como el mirador de Conca di Marini, el pueblo fiordo de Furore y la gruta de la Esmeralda, una cueva a la que también se accede en barco, empieza una cascada de casitas multicolor que desemboca en el mar, este pueblo es Positano.
Positano, es la perla del turismo Mediterráneo. Buenas playas, calles convertidas en un mercadillo al aire libre y un aire de pueblo que te encantará tanto como a los famosos que se dejan ver por aquí. A la salida verás el hotel Il San Pietro di Positano, situado en Via Laurito, 2, uno de los más caros del mundo. Desde aquí se ven las islas de Li Galli donde, según la leyenda, viven las sirenas que sedujeron a Ulises.

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